Algunos asambleístas de oposición viajaron a Washington para exponer ante organismos de dicho país los argumentos que sustentan su oposición al proyecto de ley de comunicación que impulsa el gobierno.
Si no es vergonzosa, es al menos ridícula, esta estrategia utilizada por asambleístas contrarios a la ley de comunicación del gobierno del Ecuador. Lo ridículo no radica en el hecho del viaje en si mismo, el cual dudo haya sido financiado por los propios asambleístas, sino mas bien el hecho de querer imponer sus criterios, mediante el uso (abuso) de criterios ajenos a nosotros, sobre todo si estos criterios surgen en el país mas poderoso del mundo, el cual, dicho sea de paso, en estos últimos tiempos ha dejado de representar los ideales de justicia universal.
Ya no solo queremos copiar lo que se hace afuera, sino incluso, imponer, o buscar que nos impongan -que para el caso viene a ser lo mismo- reglas que ni ellos mismos cumplen. Y claro, como era de esperarse, los organismos de derechos humanos -los cuales a veces parecen ser regidos por izquierdos humanos- aprovechan la oportunidad para salir a la palestra. Vale la pena recalcar que estos mismos organismos no han podido legitimar su injerencia en los países mas poderosos del mundo, pero si han tratado de imponer sus reglas en países del tercer mundo en los que las realidades distan mucho de los modelos.
Finalmente señalemos que esta nueva payasada de los asambleístas nos recuerda una vez mas que debemos reflexionar una y mil veces cuando se trate de elegir a quienes nos representaran en el concierto de la política nacional y mundial.
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